Llámala musa a ella, que juega entre la espiga
Y borra la imagen lozana bajo el sol, y el viento prudente
Y tíñela un poco de gris
Con hedor a gasolina
Que no te espante el desgaste de sus partes y su cara
Que de esa poesía me valgo yo
Cuando te hablo de mis barrios
Y no de praderas
Fluye al son de la humillada musa y siente
Entre el gris altivo
Y los rascacielos
Que las bocinas son dulces
Y son dulces tus sollozos
Y dulces son mis reclamos
Frente al alarido infértil de la musa que se pudre
Porque cuando me encanto con sus alas
Vi por pluma arcabuces con balas inagotables
Y dijo que bautizara todo el mundo a mi antojo
La seguí
Sin darme cuenta
Que el leproso terreno baldío
Esta entre mis manos y mi lengua.
lunes, mayo 18, 2009
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