La burocracia de la armonía me tiene bastante enferma,
la herencia moral me hastía, me asquea.
Embriagaste el aire en un segundo, y no importo nada.
Somos corriente, así… gira, denuncia, arrebata, revienta, desea, desata, jacta, cautiva, perturba,
jode,
jadea,
y una vez más…
Ahora suave… sencillo, sublime, en la nada…
Y seguimos con el lema a las espaldas,
con las uñas rotas de tanto urdir el ímpetu que llevamos dentro.
Nos explota el odio, nos perturba el grito
y de vez en cuando nos ataca el tedio.
Y aún así nos encanta tener hermosas flores.
Nos encanta guardar perfectos rasgos.
Y resultamos ser mismos los Don que ayer gritaron y guardaron para más tarde sus reclamos. Para después de las ocho, como debe haber sido.
Y buscamos distancia…
(Se dice) buscamos cuando ya no somos dos…
En esos momentos en que la copa de vino y la quema de aire nos gritan una vez más… que de nuevo volverá…
Y caemos en la más suave delicia,
caricia,
sabiendo,
el sentido…
Es que la putamadre se asoma y nos queda mucho de reproches.
Somos la vida misma en esos minutos,
La que no arde si no se urde
La que termina cuando no se escribe.
lunes, mayo 18, 2009
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